¿A quién le importa el ping-pong hoy en día? Bueno, estoy seguro de que a mucha gente, simplemente hay que estar dentro de ese mundillo o cerca de él. De hecho, se siente irrespetuoso llamarlo así, y no tenis de mesa, pero no creo que necesite de esa comparación con el tenis para ser tomado en serio. El caso es que nunca habíamos tenido algo así, una producción de gran calibre (que no una superproducción) que usara el ping-pong como base para su historia. La clave está en que no es una historia cualquiera, ni la protagoniza un actor cualquiera.
'Marty Supreme' es una anomalía dentro del panorama del cine independiente contemporáneo. Solamente por su presupuesto, unos 70 millones de dólares que parecen haber recuperado en taquilla, ya se sitúa en un territorio inusualmente holgado para una producción del estilo, y es por eso que el trabajo de A24 de los últimos años es tan bienvenido en este terreno. Ninguna gran productora habría apostado por una historia así, y para una compañía independiente es un riesgo difícil de asumir, pero A24 a base de pequeños saltos de fe ha ido construyendo una base, tanto de prestigio como económica, que le permite dar luz verde a locuras como esta.
Su estilo y estética la mantienen firmemente anclada en la tradición del cine de autor estadounidense, hasta el punto de casi parecer una película de otra época. Dirigida por Josh Safdie y escrita junto a Ronald Bronstein, la película se adentra en un Nueva York de 1952 que nos abruma entre el glamour decadente y la mugre de los callejones, un escenario perfecto para la historia de Marty Mauser, un joven buscavidas obsesionado con el ping‑pong y con la idea de convertirse en una leyenda en un mundo que apenas reconoce su existencia. Y es que en Estados Unidos dicho deporte no era muy tomado en serio en aquel entonces. Timothée Chalamet encarna a este personaje con una obsesión que roza lo febril, y lo hace inspirándose en una figura real poco conocida, cuya vida sirve como columna vertebral emocional de la película, además de su interpretación.
La historia real detrás del personaje de Chalamet es uno de los elementos más llamativos del proyecto. Marty Mauser, o Marty Supreme, como se hace llamar en los círculos clandestinos del ping‑pong neoyorquino, existió realmente, aunque no exactamente como se representa en la película. Adentrarse en esta película sin conocimiento previo es quizá la experiencia más interesante, y aunque no vaya a realizar ningún spoiler, dejar de leer aquí es una buena opción si se quiere disfrutar de la película de una forma más pura.
Marty Reisman (1930–2012), el verdadero Marty, no era un atleta profesional ni un prodigio reconocido, sino un talento callejero, un jugador autodidacta que se movía entre sótanos, bares y clubes semiclandestinos donde el ping‑pong era más una excusa para las apuestas que un deporte formal. Su figura quedó relegada a los márgenes de la historia deportiva, pero su vida ciertamente era digna de contar en el cine. El guion se basa de forma no oficial en la autobiografía 'The money player;: The confessions of America's greatest table tennis champion and hustler'. Sin entrar a esclarecer las diferencias, para no estropear un posible primer visionado, cabe decir que la película ha sabido tomar elementos reales y convertirlos en una historia más cohesionada, respetando la idea del personaje pero permitiéndose escribir un guion que la audiencia pueda disfrutar en las casi dos horas y media de metraje.
Chalamet, que además figura como coproductor, parece sacado de la escuela de actores de los años cincuenta. Su Marty es un torbellino de energía, un joven que se mueve entre la arrogancia y la vulnerabilidad, entre la genialidad y la autodestrucción. El ping‑pong se convierte en un canalizador de su supervivencia y sus obsesiones. Su deseo de ser rico y famoso, de cambiar de vida y dejar todo atrás, es un viaje donde el deporte es simplemente un mecanismo que hace girar todo a su alrededor. La cámara de Darius Khondji captura este mundo con una textura granulada que se agradece, que ayuda a sentir la época y el espíritu que rodea aquella vida tan caótica. Realmente da la sensación de estar ante una obra cinematográfica digna de los mejores años del Hollywood clásico.
La música de Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never) abre el escenario visual y en ocasiones parece que estemos viviendo unas olimpiadas, para inmediatamente dejarnos caer y devolvernos a la realidad. Aunque estamos ante una película con nueve nominaciones a los Óscar, es inexplicable que no sean diez, porque su banda sonora es sin duda de lo mejor que ha dado el cine el pasado año. Onírica por momentos, y principalmente basada en sintetizadores, quizás no cumpla con el estándar de gran banda sonora épica, pero es el añadido que 'Marty Supreme' necesitaba para no perderse en el melodrama. Si bien yo soy el primero a quien le habría gustado algo orquestado, con melodías que den personalidad a los personajes, creo que habría resultado en otro tipo de película, y tendríamos que estar ante un drama de rigor, no lo que Chalamet y compañía han querido hacer.
Una de las sorpresas es Gwyneth Paltrow, que logra hacer creíble una relación imposible, mientras que Odessa A’zion es el ancla emocional de Marty, y bien podría haber estado nominada en todos los premios a mejor actriz secundaria. No en vano, la película está entre las nominadas a la nueva categoría de los Óscar, la de mejor casting, junto a opciones obvias como 'Los pecadores' y 'Una batalla tras otra'. Hay quien puede verlo como un premio de consolación para los actores y actrices que se vayan de vacío a casa.
La sensación que deja 'Marty Supreme' es la de una obra clásica que a nadie se le habría podido ocurrir. Irónicamente, está nominada en los Óscar a mejor guion original, tales son las licencias que se toma al no ser un biopic oficial ni mucho menos. Han tomado esa chispa de inspiración, que demuestra cómo el mundo está lleno de historias con un valor humano que a veces olvidamos, y han creado una de las mejores películas no ya del año 2025, sino de las últimas décadas. A priori puede parecer un escaparate para que Timothée Chalamet se luzca, lo cual consigue porque podemos estar ante la mejor interpretación de su carrera; pero poco a poco va tomando forma y el conjunto deja un reflejo del cine hecho con buen gusto, por amor al arte de las imágenes en movimiento. Más allá de los premios y los reconocimientos de la crítica, 'Marty Supreme' es una película que crecerá con el tiempo, que no se sirve de artificios ni temáticas esporádicas, ya que simplemente es una historia muy humana y muy bien contada.




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